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Tuesday, October 28, 2008

Un poco menos cada día

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Diría que tengo un problema con el sol, pero en realidad mi problema es con la tierra (el planeta), o para ser mas precisos, con la inclinación de la elíptica. Como todos saben los planetas orbitan el sol siguiendo una ruta elíptica, todos mas o menos en el mismo plano. Pero los planetas también tienen un movimiento de rotación sobre su propio eje, y ese eje de rotación no es perpendicular al plano de la elíptica.

En el caso de la tierra esta inclinación es de unos 23.5 grados, y se mantiene constante mientras orbita alrededor del sol, mas o menos como un giroscopio (diría que como un trompo, pero suena poco científico). A causa de esta inclinación los hemisferios norte y sur no mantienen una exposición igual al sol durante todo el año, tal como se muestra en la gráfica:



El hemisferio con mayor exposición al sol se calienta, mientras el que tiene menor exposición se enfría. Entre mas lejos se está del ecuador, mas extremo es el cambio. Si nos paráramos en el polo nos daríamos cuenta de que el sol no sale por 6 meses, y luego no se pone por otro medio año. Si nos ubicamos a 66.5 grados (90 - 23.5) nos vamos a encontrar con que hay un día al año en el que el sol nunca se pone, y un día en el que el sol no sale. Estos cambios son los que hacen tan distintas las estaciones; pero es claro que estos cambios son causados por la inclinación de la tierra, y no realmente por el sol.

Después de esta corta introducción vamos al tema principal de esta entrada: ayer salí a la calle a las 6:30 AM y aún era noche cerrada, y aún faltan dos meses antes del día mas corto del año. Quiero ver como es un día tan corto, porque no me lo puedo imaginar.

Monday, September 08, 2008

Mira, ¡no hay medio día!

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Pasados mis primeros días en Suecia, creo que el principal problema es la geografía. No solo porque sigo sin saber donde están el norte y el sur, sino porque en el trópico uno asume ciertas cosas que mas al norte no tienen validez. Por ejemplo la ruta del sol, que en Colombia siempre está al oriente antes del medio día, justo encima al medio día, y al occidente después. También se asume que el día dura siempre lo mismo, que amanece a las 6 AM y anochece a las 6 PM.

Acá no es así, y no me acostumbro. Hay un poco menos de luz de sol cada día. De las casi 16 horas que había cuando llegué (amanecer poco después de las 5, anochecer poco antes de las 9), en dos semanas ha bajado a menos de 14. Eso se nota, se nota que no han pasado 24 horas desde el último atardecer. En las próximas dos semanas se perderá otra hora y media. Para el 22 de septiembre (equinoxio de otoño) el día durará las 12 horas a las que estaba acostumbrado, pero seguirá acortandose hasta el 21 de diciembre.

Y esos cambios en la luz del día no son lo único que extraño. A esta latitud el sol nunca se levanta mas allá de 30 grados, con lo que nunca se siente realmente que haya terminado de amanecer. Siempre se siente como si aún no fueran las 9, o como si ya hubieran pasado las 3. Eso choca con mi reloj biológico, y me hace difícil seguir la rutina diaria.

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Hoy pasó algo raro con mi arroz. Se pegó a la olla, lo cual no sería extraño si no fuera porque era arroz parbolizado, y hubiera podido jurar que ese arroz nunca se pega.

Saturday, June 16, 2007

Primavera, verano, otoño, invierno y.... primavera otra vez

Las estaciones de la vida. Se que la película es de hace mas de 4 años, pero no pienso hablar de la película, sino de las estaciones como tal. La historia de la película es simple, un niño llega a un monasterio budista (primavera), al cabo de unos años conoce a una mujer, se enamora y deja el templo para seguirla (verano). En medio de una crisis de celos asesina a su mujer (otoño). Cuando sale de la cárcel, regresa al monasterio, y lo descubre casi derruido. Se entrega a la tarea de meditar y reconstruir el templo (invierno), convirtiéndose en un nuevo hombre (primavera otra vez).

Cuando llega la primavera todo es nuevo, todo está por descubrir y por hacer.Nos dejamos llevar por el color, por el olor a nuevo de la vida y nada es inalcanzable. Todo es nuevo, y todo lo exploramos. Los sueños están por cumplirse, y casi no podemos esperar.

Luego llega el verano. El calor que madura los sueños y los convierte en frutos nos lleva lejos de ese mundo por explorar; nos hace sentir el mundo como nuestro. Cuando nos olvidamos que nada de eso es para siempre, que los frutos tienen que nacer y perecer, que el calor no solo madura, sino que abrasa; entonces quemamos nuestros sueños.

La vida siempre nos cobra la factura por esos sueños quemados, y nos obliga a verlos morir. Nos obliga a ver como todo perece y como la vida se esconde para nosotros.

El frío nos hiela la sangre y nos endurece el corazón. Es el momento para enfrentarnos a nuestros errores, y ver todo lo que hemos perdido. También es el momento para enfriar el fuego que nos quemó, para reconstruir lo viejo, lo nuevo. Todo es nuevo y todo es lo mismo.

Después podemos soñar nuevamente, explorar otra vez y conocer el mundo como si fuera nuevo. La vida nos enseña que nada es permanente, porque la misma vida es temporal.

La vida nos presenta sus estaciones, está en nosotros el aprender a aceptarlas y vivirlas. A descubrir sin perdernos en aquello que descubrimos. A entregarnos a nuestros sueños sin abrasarnos por la pasión. A esperar los frutos sabiendo que siempre podemos fracasar. A enfrentar nuestros fracasos y errores sin miedo a levantarnos nuevamente. La vida solo nos enseña a vivir, aunque esta enseñanza se consuma con la vida misma.